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Esta vez sí. Anoche acudimos al concierto de Lüger en Valencia y por fin disfrutamos de un directo de la banda en condiciones, aunque no exento de anécdotas. Si en nuestra primera experiencia como público de Lüger la desastrosa organización del concierto nos aguó la noche y en la segunda el deficiente sonido tampoco acompañó la labor del grupo (según comentan algunos amigos que los vieron en la última edición del Low Cost), en este nuevo intento de pasárnoslo bien con su música en vivo por fin hemos cumplido nuestro objetivo. Como se dice en estos casos, a la tercera va la vencida.
Como comentábamos anoche mis colegas y yo, ir a ver a Lüger mola no solo por sus canciones, sino por todo lo que rodea al grupo también. Su música es bastante particular y, como no puede ser de otro modo, ellos tampoco se mueven en el circuito habitual de salas de conciertos, sino que hay que buscarlos. Lo dijimos a modo de broma, pero esto es cierto: cuando van a tocar a una ciudad sólo los muy fans acabarán viéndolos, porque encontrar la sala donde tocan es toda una yincana (al menos en Valencia…).
Este es el centro social La Residencia. En ese callejón con árboles había gente haciendo hogueras…
El centro social La Residencia fue el lugar escogido por Lüger para dar su concierto de anoche. Quienes frecuenten este sitio no tendrían demasiados problemas en llegar al local, pero para nosotros fue toda una aventura porque en el perfil de Facebook del centro la dirección que indica es errónea y porque todas las webs y mapas online que visitábamos nos daban una ubicación equivocada. Por si fuera poco está en terreno de nadie, a las afueras de Valencia, entre aparcamientos de camiones y caminos que conducen a la huerta. Ni siquiera una patrulla de la policía rural a la que preguntamos indicaciones sabía de la existencia de este sitio…
Pero persistimos, y tras más de media hora de dar vueltas por las mismas callejuelas, lo encontramos tras preguntar al primer grupo de gente que vimos. De hecho habíamos pasado por delante dos o tres veces y ni siquiera nos habíamos dado cuenta: La Residencia es una casa de pueblo, entre medianeras y sin ningún tipo de señal o cartel, totalmente cerrada por fuera y en la que para entrar había que llamar al timbre. Definitivamente todo tenía un aura muy clandestina xD
Aparcamos con algo de recelo (a unos metros había gente quemando sillas en la calle para calentarse…) y comprobamos que no habíamos sido los únicos despistados, pues al poco tiempo comenzó a ir llegando mucha más gente, algunos igual de perdidos que nosotros: “¿Dónde toca Lüger? ¿Es aquí La Residencia? ¿Cómo se entra dentro…?”. Incluso en plena búsqueda vimos al cantante y bajista de Lüger andando por la carretera y hablando por el móvil, como desorientado.
Lüger probando sonido en la sala de conciertos de La Residencia poco antes de su actuación.
Una vez superada esta pequeña odisea, lo cierto es que en La Residencia nos lo pasamos realmente bien. Había muy buen ambiente y el local, otrora una vivienda de dos pisos, no era un pub pero tenía sofás y barra y lo más importante: un anexo que servía como sala de conciertos (bastante precario eso sí). Además sirvieron cena en el piso superior y todas las paredes, incluso las de los cuartos de baño, estaban decoradas con pinturas murales de corte alternativo y resultaba muy entretenido buscar por los recovecos para descubrir todos los dibujos y graffitis que había.
Entrando en materia, decir que hubo mucho retraso y los horarios de los conciertos no se cumplieron en absoluto, por lo que en ese sentido la organización fue nefasta: en teoría daba inicio a las 20:00, pero hasta pasadas las 22:00 no saltó al escenario Traummaschine, el primero de los teloneros. Sinceramente, a este grupo no le prestamos atención. Su música era excesivamente monótona y ruidista para nuestro gusto y decidimos reservar fuerzas para más adelante.
Otro aspecto negativo del evento fueron las larguísimas pausas entre concierto y concierto, algo que sin embargo no nos importó tanto gracias a estar pegados a la barra y charlando con la gente. Tras casi una hora (sí, casi una hora) de pruebas de sonido, le tocó el turno a Siesta!, un grupo valenciano que resultó muy adecuado como telonero de Lüger, pues aunque compartían características como el ritmo y las canciones largas y ambientales, tenían un carácter bastante más electrónico (a lo Crystal Castles) y cumplieron en su cometido de calentar al público.
El sitar fue el protagonista al comienzo de la actuación de Lüger
Era ya tardísimo, cerca de la 1:00, cuando Lüger dio comienzo a su actuación. Venían presentando su último disco, el notable “Concrete Light”, y comenzaron con “Zwischenspiel / Quidquid Latet Apparebit”, el tema que cierra el álbum y que sin embargo como inicio de concierto es genial, pues su hipnótica progresión y su instrumentación con sitar te atrapan para que luego el grupo te sacuda con sus trallazos de psych rock.
Tiene mérito que un grupo comience a tope y no decaiga en ningún momento. Lüger tiene canciones potentes y otras más atmosféricas, pero sin embargo consiguieron mantenernos siempre en tensión y atentos a su locura psicodélica.
El sonido fue correcto pero no todo lo bueno que debería, pues la voz estaba baja y sin efectos, y la guitarra también sonaba algo pobre de volumen en relación al resto de instrumentos. De todas formas desde las primeras filas casi no se notaba, era más bien a partir de la mitad posterior de la sala donde estas carencias se ponían de manifiesto.
Que yo recuerde sonaron “Die Sonne Muss Unterhegen!” y el cañón que es “Swastika Sweetheart” de su debut y “Hot Stuff”, “Monkeys Everywhere” y el trallazo “Dracula’s Chauffeur Wants More” de su segundo trabajo entre otras canciones para finalmente cerrar a lo grande con “Portraits Of A Distant Look”. Quizás faltó “Why Should I Care?”, pero esta ausencia no empañó el buen concierto que nos brindó Lüger.
Lüger, en plena actuación en La Residencia.
Por último me gustaría destacar el buen ambiente que hubo toda la noche entre los asistentes, que fuimos con ganas de fiesta y de vivir un buen concierto y lo logramos: hubo gente volando por los aires, bailes, saltos, empujones… pero siempre desde la camaradería, el buen rollo y la consideración al grupo, a quienes respetamos su espacio e incluso sujetamos los micrófonos en alguna que otra ocasión para que no cayeran o se rompieran. También hay que reconocer la cercanía de Lüger: se les vio disfrutar sobre el escenario y antes de tocar estuvieron de charreta por el local, vendiendo ellos mismos sus productos (vinilos, CDs y camisetas) en el tenderete que montaron cerca de la barra. En pocos meses, y gracias a la calidad de sus discos y al boca a boca, han conseguido multiplicar su base de seguidores sensiblemente.
En definitiva nos lo pasamos muy bien, el concierto fue muy bueno y por fin nos quitamos la espinita de ver una actuación en condiciones de Lüger. Ya sabe el grupo que aquí tienen unos fieles que les seguirán toquen en una refinería de petróleo o en la copa de un árbol.
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