Por tercer año la música rock se dio cita en Valencia en un festival que lleva camino de convertirse en una tradición: el MTV Winter. Y por tercer año también pudimos comprobar cómo los aspectos positivos y negativos de este evento siguen repitiéndose, para bien y para mal.
En esta edición fue la parte más indie del género la que durante la noche del pasado sábado congregó a más de 35.000 personas según los datos (algo exagerados creo yo) que ha estimado la organización; una cifra de asistentes menor que la del año anterior (que recordemos tuvo a Franz Ferdinand como principal reclamo) pero superior a la que nos esperábamos debido a las adversas condiciones climatológicas del día: temperaturas cercanas a los 0ºC y presencia intermitente de aguanieve que durante la espera hizo abrir los paraguas pero que, por fortuna, remitió al poco de comenzar las actuaciones.
Especialmente mal debido al tiempo lo tuvieron que pasar algunas personas que acamparon en la entrada al recinto durante la noche. Y lo cierto es que no era necesario hacer tal sacrificio para coger buen sitio en la arena: nosotros llegamos a la Ciudad de las Artes y las Ciencias a las 16:00, media hora antes de que se abrieran las puertas, y estuvimos sin problemas en las primeras filas.

Con puntualidad inglesa la organización presentó a las 20:00 a los grupos que se iban a dar cita y a los pocos segundos comenzó la actuación del primero de los teloneros, los valencianos Fuzzy White Casters. Probablemente fue la mejor de las tres bandas que pasaron por el escenario antes de los esperados Arctic Monkeys; o al menos la más marchosa. En los pocos temas que interpretaron se les notó sueltos a pesar de su inexperiencia y se mostraron enérgicos con unas canciones animadas y con un puntito electrónico que ayudaron a caldear la gélida noche. Quizá con un poco más de tiempo, para que no se diga “se parecen a…” y puedan explotar más esa personalidad que parece que han encontrado en los teclados y guitarreo bailable, pueden ser un grupo a tener en cuenta.
A continuación fue el turno de Lightspeed Champion. Fue sin duda lo más soso de la velada. Y realmente no porque el grupo no mereciera la pena, sino porque su estilo pausado desentonaba muy mucho con la tónica general del concierto y también, a decir verdad, con la caña que buscaban la mayoría de los asistentes, muchos de ellos adolescentes, lo que provocó una total y penosa indiferencia hacia su actuación.

El frontman y líder del grupo, Devonté Hynes, se esforzó lo que pudo exhibiendo una presencia bastante carismática en escena y una voz muy personal. Además demostró poseer un buen manejo de la guitarra eléctrica en las veces en las que se la enfundó para realizar algún punteo. Pero su música no era carne de MTV Winter y pasó con más pena que gloria. El único momento en el que Lightspeed Champion levantaron algo de público fue cuando, totalmente por sorpresa y al grito de “Hey, ho, let’s go!”, realizaron una grata versión del “The KKK Took My Baby Away” de los Ramones.
Tras un montaje de escenario que se nos hizo eterno saltaron a escena los Mystery Jets. Este es uno de los puntos criticables de la edición de este año, y es que casi estuvieron más tiempo sobre el escenario los técnicos montando los equipos de los teloneros que los propios artistas, mermando el tiempo que los músicos tenían para tocar, pues los horarios tenían que cumplirse al ser un evento televisado…

Arrancaron bien, con un coreado “Half In Love With Elizabeth”, pero (y he aquí el segundo aspecto negativo del MTV Winter) el sonido, preparado para que sonaran bien los Arctic Monkeys, pasó factura a todos los grupos que les precedieron, especialmente a los Mystery Jets, pues la voz y la guitarra se oían poco, lo que hizo que su actuación perdiera enteros. El año pasado ocurrió exactamente lo mismo y, por lo que vimos, este año no se han molestado en enmendar este error que desmerece bastante la labor, mejor o peor, que hacen los teloneros.
Otro motivo por el que la función de los Mystery Jets fuera desinflándose fue la inclusión de un par de temas nuevos en su setlist. Craso error: en un concierto de poco más de media hora en el que no eres el artista principal debes programar tus temas más conocidos e identificables para que la gente se vaya con un buen sabor de boca y con ganas de saber más de ti, no meter dos baladas aburridas y desconocidas… Ello provocó que la gente perdiera el interés y comenzara a pedir la entrada de Alex Turner y los suyos, lo que vino a confirmar que, efectivamente, el nivel general de los teloneros había sido menor que en la pasada edición.

Y al fin, a eso de las 22:50, las luces se apagaron dando el aviso de que los Arctic Monkeys se disponían a comenzar. La oscura “Dance Little Liar” sirvió de introducción para que nos desataramos posteriormente con “Brianstorm” y “Still Take You Home”, las canciones más bailadas del inicio de su notable actuación.
La versión de Nick Cave “Red Right Hand” dio paso a otro de los momentos cumbres de la noche, que fue cuando interpretaron “My Propeller” y “Crying Lightning”, dos de los mejores temas de “Humbug”, un último disco que les acerca a un rock menos directo y guitarrero pero más maduro y, en cualquier caso, igual de interesante. La brillante parte intermedia del concierto se completó con sus obligados “The View From The Afternoon” y “I Bet You Look Good At The Dancefloor” que nos enfervorecieron a todos. Aunque ya estábamos realmente cerca del escenario, nuestros saltos, bamboleos y ganas nos llevaron aún más hacia delante, llegando incluso a tener la valla a tiro.

Grandiosa fue la sorpresa que nos tenían preparada antes de retirarse a descansar, pues al final de una emotiva “Secret Door” salió disparado desde el frente del escenario y en dirección al cielo un potentísimo chorro de confeti que sonó como un cañonazo, creando una cortina de papeles blancos que pusieron un precioso broche a la canción. Nadie nos lo esperábamos y lo cierto es que nos asombró enormemente.
El concierto de los británicos fue en general muy bueno, aunque quizás el momento de los bises decepcionó un poco, pues fue breve (tan sólo dos canciones) y un tanto “desafortunado”: la genial “Fluorescent Adolescent” fue interrumpida a mitad por un desvarío de Alex Turner, que se puso a divagar cantando el sólo con su guitarra y rompiendo por completo el ritmo de la canción; y “505″ es un tema que no pueden dejar de tocar pero que, aunque es intenso y acelera al final, me resultó poco enérgico para cerrar el concierto con la suficiente fuerza.
Tal vez alterando un poco el orden del repertorio de canciones que llevaron, que fue muy bueno y equilibrado entre sus tres discos, habrían encontrado la fórmula para finalizar de forma más contundente (a lo mejor tan sólo hacía falta insertar una canción marchosa más al final). Pero bueno, esto son sólo minucias en comparación con el notable espectáculo que proporcionaron y que confirmó a los Arctic Monkeys como lo que son: unos abanderados del rock alternativo.
Esperamos con ganas la edición de 2011. Os dejamos para acabar con un pequeño resumen de la actuación de los Arctic Monkeys:
















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